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Evaluación inicial de un escalador: qué medir el primer día

El cuestionario de filtro antes de aceptar a un atleta, qué tests forman una línea base útil, qué no medir todavía y por qué el protocolo manda sobre el número.

Entrenador de espaldas con una tablilla en la mano observando a una escaladora que sube una vía con cuerda en un rocódromo

La primera sesión con un atleta nuevo suele fallar por uno de dos extremos.

En un lado está la charla: cuarenta minutos hablando de objetivos, nada apuntado, y una sensación general de que el atleta “está bastante bien de dedos pero le falta resistencia”. Tres meses después no hay forma de saber si ha mejorado, porque no había nada con lo que comparar.

En el otro está la batería: quince tests en dos horas, hoja de cálculo llena de números, y un atleta agotado que ha hecho suspensiones máximas sin haberlas hecho nunca. Seis de esos quince números no se volverán a medir jamás. Los otros nueve se midieron en condiciones que nadie apuntó, así que tampoco se van a poder repetir.

El primer día no va de medir mucho. Va de dejar montada una línea base que siga siendo interpretable dentro de un año, y de decidir si ese atleta encaja contigo. Son dos trabajos distintos y conviene no mezclarlos.

Los dos trabajos del primer contacto

Filtrar es decidir si aceptas al atleta. Se hace antes de medir nada, normalmente en una llamada, y la información que necesita es casi toda conversacional.

Establecer la línea base es generar los datos contra los que vas a comparar dentro de tres meses. Se hace una vez aceptado, requiere condiciones controladas, y su calidad depende del protocolo mucho más que del test elegido.

Mezclarlos es lo que produce las dos sesiones malas de arriba. Si intentas filtrar mientras mides, acabas con datos recogidos en condiciones de conversación. Si empiezas midiendo sin haber filtrado, a veces descubres en la semana cuatro que ese atleta nunca iba a funcionar.

El cuestionario de filtro

Va antes de aceptar a nadie. Siete preguntas, y las siete tienen consecuencias operativas:

  • ¿Cuál es el objetivo y cuándo? Sin fecha no hay planificación, hay entrenamiento genérico indefinido. Si el atleta no tiene una fecha, tu primer trabajo es ayudarle a ponerla.
  • ¿Cuántos días puedes entrenar, de verdad? No cuántos querría. La diferencia entre cuatro y dos días cambia el tipo de plan por completo, y es la principal fuente de planes incumplidos.
  • ¿A qué instalaciones tienes acceso? Rocódromo con tabla, gimnasio, tabla en casa, roca cerca. Un plan que asume material que el atleta no tiene se abandona en la segunda semana.
  • ¿Tienes alguna molestia ahora mismo? Si hay dolor activo sin diagnóstico, el orden correcto es derivar primero y planificar después.
  • ¿Cuántos años llevas escalando y cuánto escalas ahora? El historial de carga acumulada condiciona más que el nivel actual, sobre todo en tolerancia del tejido conectivo.
  • ¿Has entrenado con plan antes? ¿Qué pasó? Esta es la que más te va a decir. Un atleta que ha abandonado tres planes seguidos tiene un problema de adherencia, no de programación, y eso se aborda de otra manera.
  • ¿Qué esperas en cuanto a comunicación? Si espera respuesta en quince minutos a cualquier hora y tú contestas dos veces por semana, el conflicto está garantizado. Mejor descubrirlo ahora.

Hay respuestas que son motivo razonable para no aceptar: un objetivo desalineado con la disponibilidad real, una lesión activa sin valorar por un profesional sanitario, una expectativa de disponibilidad que no vas a poder sostener, o un historial de tres entrenadores en un año. Decir que no en la llamada cuesta cinco minutos. Decirlo en la semana seis cuesta mucho más, y normalmente lo acabas pagando en forma de un atleta insatisfecho que se va contando su versión.

El historial que no caduca

Casi todo lo que midas el primer día va a quedar obsoleto en unos meses. Hay cuatro cosas que no:

  • Lesiones previas, con qué dedo o articulación, cuándo, cuánto duró y qué gesto las provocaba. Es el dato que más veces vas a consultar y el que peor se registra. Dos años después, “tuvo algo en el anular” no sirve para nada.
  • Años escalando y progresión histórica. El contexto que explica por qué un atleta de 7b tolera lo que otro de 7b no tolera.
  • Restricciones estructurales. Trabajo, hijos, viajes, turnos. Cambian poco y determinan qué planes son realistas.
  • Nivel de partida documentado. A vista, trabajado, en bloque y en vía, con el estilo. Es el resultado real contra el que se mide todo lo demás.

Este bloque no es una batería de tests. Es un formulario que el atleta rellena una vez y que tú vas a mirar durante años. Merece la pena que viva en un sitio serio, no en un email.

Criterio para elegir los tests

Antes de la lista, el filtro que yo aplicaría a cualquier test candidato. Tres preguntas:

  1. ¿Lo voy a poder repetir exactamente dentro de doce semanas? Si la respuesta es que no, no es una línea base, es una anécdota.
  2. ¿Voy a cambiar algo del plan según el resultado? Si un número no modifica ninguna decisión, no lo midas. Estás generando trabajo de registro a cambio de nada.
  3. ¿Es seguro hacerlo hoy, con este atleta? Un test máximo en alguien que nunca ha hecho ese gesto mide ejecución, no capacidad, y añade riesgo el primer día.

Ese filtro elimina solo la mitad de las baterías que circulan por ahí.

Qué forma una línea base razonable

Por categorías, no por protocolo cerrado, porque el protocolo concreto depende de tu material y de tu atleta:

  • Fuerza de dedos, solo si el atleta tiene experiencia previa en suspensiones. Con canto, tipo de agarre y mano registrados junto al número, y normalizado por peso corporal. Los protocolos concretos y cómo interpretarlos están en medir la fuerza de dedos con dinamómetro.
  • Capacidad de tracción. Un test sencillo y repetible. Lo importante es que la variante quede fijada: dominadas estrictas con un agarre concreto, no “dominadas”.
  • Algún indicador de resistencia local. Repeaters hasta fallo, un circuito estandarizado, lo que puedas repetir en tus instalaciones.
  • Nivel de escalada real. A vista y trabajado, separando bloque y vía, y anotando el estilo en el que se mueve bien. Es el dato de rendimiento de verdad.
  • Hombro y codo. Un cribado básico de movilidad y de molestias. No para diagnosticar, sino para saber si hay algo que vigilar y documentarlo desde el día uno.
  • Peso corporal, y aquí conviene ser explícito con el atleta: se registra porque la fuerza de dedos se normaliza por él, no porque sea un objetivo de entrenamiento. Ese matiz, dicho en voz alta, evita bastantes problemas.

Qué no medir todavía

  • Tests máximos de un gesto que el atleta no domina. Mides técnica de test, no capacidad, y el riesgo no compensa.
  • Cualquier cosa con dolor activo. Primero se valora, luego se mide.
  • Todo aquello que no vas a volver a medir. Es buena parte de cualquier batería larga.
  • Más de lo que te da tiempo a hacer bien. Un test bien hecho vale más que cuatro hechos con prisa porque cierra el rocódromo.

El protocolo importa más que el número

Esta es la parte que decide si tu línea base sirve para algo dentro de tres meses.

Un número de fuerza de dedos sin sus condiciones no es comparable con nada. Lo que hay que fijar y apuntar, siempre igual:

  • Calentamiento, el mismo y con la misma duración.
  • Hora del día aproximada, y horas transcurridas desde la última sesión.
  • Canto exacto y tipo de agarre. 20 mm y 18 mm no son dos puntos de la misma serie.
  • Peso corporal del día.
  • Material. El mismo canto, la misma superficie, el mismo instrumento.

El principio: estandariza las condiciones antes de perseguir precisión en el instrumento. Un dinamómetro caro midiendo en condiciones distintas cada vez da peores datos que una báscula sencilla midiendo siempre igual.

Y una advertencia sobre la interpretación: el primer test suele ser el peor test. El atleta no conoce el gesto, no sabe dosificar, y rinde por debajo de lo que puede. Parte de la mejora que veas en la semana doce va a ser aprendizaje del test, no adaptación. No es motivo para no medir; es motivo para no vender esa primera mejora como si fuera todo entrenamiento.

Errores frecuentes

  • Medir mucho y registrar poco. Quince números sin sus condiciones son quince números inservibles.
  • Reevaluar cuando surge, en vez de en fecha. Si la reevaluación no está puesta en el calendario el mismo día que haces la inicial, no va a ocurrir.
  • Cambiar el protocolo entre evaluaciones. Cambiar de canto entre la inicial y la de seguimiento rompe la serie entera. Si tienes que cambiarlo, mide las dos veces el día del cambio.
  • No apuntar el contexto de la medición. El mismo atleta, medido tras dos días de descanso o al día siguiente de escalar, da números distintos.
  • Confundir la evaluación con la primera sesión de entrenamiento. Son dos cosas y a veces conviene separarlas en dos días.

Dónde se rompe esto

Una evaluación inicial no vale por hacerla. Vale por poder volver a ella.

Y ahí está el problema real: la línea base se usa tres meses después, cuando cierras el primer bloque y necesitas saber si aquello funcionó. Si a esas alturas los números están en una hoja, las condiciones en tus notas, el historial de lesiones en un email y el nivel de partida en un mensaje de WhatsApp de marzo, la comparación no se hace. No porque no quieras: porque reconstruirla cuesta veinte minutos por atleta y tienes catorce.

Con un atleta, esto se lleva en la cabeza. Con quince, la evaluación inicial se convierte en un ritual que se hace el primer día y no se mira nunca más, que es exactamente el desperdicio que describe gestionar 20 atletas sin morir en el Excel.

Lo que hace que una línea base sobreviva es aburrido: que el dato viva junto al atleta, con su protocolo pegado, y que la reevaluación esté en el calendario desde el primer día. Es el mismo requisito estructural que hace falta para cuantificar la carga semana a semana, y el mismo que decide si tu herramienta sirve para escalada o solo para escribir planes.


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Sobre el autor

Miguel Gutiérrez Moreno

Miguel Gutiérrez Moreno es el fundador y desarrollador de ClimbrLab, el software con el que los entrenadores de escalada gestionan a sus atletas. No es entrenador de profesión: escribe a partir de lo que le cuentan cada semana los entrenadores que usan la plataforma.

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